Qué se dirán los muertos bajo la brasa del polvo.
Abrazados a la raíz del árbol
que siembra sobre el pecho la argamasa
que ha de constatar su muerte.
Qué se dirán cuando les une la piel
el agua y el moho les besa el cayo
o la vejez de tanto estar durmiendo,
En el asfalto donde la carroza anduvo,
donde la tranca y el código postal
andaban lejos, en la esquina del vecino
que se murió de cáncer;
se dirán que se está enamorando el hueso
de la esquelética vida que llevan,
serán infieles de tuétano,
de sílaba fantasmal.
Se dirán que les nace el sudor
como pez entre los vellos,
que de tanta caja ya se sienten zapatos
hurgando la uña
Qué se dirán los muertos
abrazados al quinqué de las sombras;
así, cuando los orantes de rodillas
filosofan la distancia entre el cielo
y su llanto.
domingo
jueves
Septiembres
Vine a dejar flores a estos septiembres
donde la primavera yace
por todas partes
No veo el panfleto del silencioso
que adopta las curvilíneas de la mujer
para un texto erecto.
No veo la pasión del color
en la dulce, (siempre cruel )
blusa de mangas arremangadas de la mujer Maravilla,
ni menos distingo los olores del labio
que busca pendenciero los arrecifes
que el naufrago encontró
Pero ha de ser que debo esperar
otra línea en la curvatura de los andenes,
donde se postró la pulpa y se dejó abandonar
por el tiempo, arrasada en olas y olas,
dando vueltas como hora interminable
Pero ha de ser que debo esperar a
que alguien me espere,
para que al recibirme
deje las espinas sobre el corazón,
porque a desgracias no hay más grande
que irse tumba sin flores
adonde el seno brama pétalos sin amor.
donde la primavera yace
por todas partes
No veo el panfleto del silencioso
que adopta las curvilíneas de la mujer
para un texto erecto.
No veo la pasión del color
en la dulce, (siempre cruel )
blusa de mangas arremangadas de la mujer Maravilla,
ni menos distingo los olores del labio
que busca pendenciero los arrecifes
que el naufrago encontró
Pero ha de ser que debo esperar
otra línea en la curvatura de los andenes,
donde se postró la pulpa y se dejó abandonar
por el tiempo, arrasada en olas y olas,
dando vueltas como hora interminable
Pero ha de ser que debo esperar a
que alguien me espere,
para que al recibirme
deje las espinas sobre el corazón,
porque a desgracias no hay más grande
que irse tumba sin flores
adonde el seno brama pétalos sin amor.
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