sábado

III

En este leve ascenso
muy leve
de tarde cocinada al tiempo
como en una gran cacerola

de corazón abierto
y pulpa de mañana tristísima
Al dente
bajo a ver partirse
la lluvia en las esquinas y los
retablos que bese y bese
el olor a tierra no se mueren
¿Qué llagas esconden
abrazadas en la piel del agua esas
imágenes que se han ido?
Esta ciudad es un hilo
de lenguas
sobradas de tanto llanto

jueves

II

Que rabia de ciudad
¿No es cierto?
De las gradas del cuarto
a la calle está
la indiferencia misma
de no haber nada

Una noche aislada de
sí misma
luceros que hacen

más sola la hora de pensar
que crujen de soledad
allá mismo
como en otro mar
Bajar a la ciudad

a remojarse el llanto
a nadar para no morirse
entre la basura de la
esquina y el hambre
y la sed de seguir

bajo el ombligo inhóspito
de cualquier hembra
pero de veras bajar
a la ciudad para no estar solos
engullidos por algo
que es la costumbre
de vernos al espejo

oscuro también
y decirnos poco a poco
como para no decirnos
realmente nada y no herirnos
qué pendejo me siento